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Eva
Resulta descorazonador que el mejor piropo que pueda recibir una producción patria sea que ‘no parece española’. Lo primero que salta a la vista con Eva es ese detalle, la producción está tan cuidada, es tan profusamente elaborada, y crea una atmósfera tan ajena a la realidad, que no parece española, parece obra del mejor de los equipos extranjeros, pero es Kike Maíllo, insigne miembro de la ESCAC, el responsable de esta sorprendente cinta.

Eva arranca en el año 2041 con el regreso de Álex a Santa Irene después de diez años de ausencia para realizar un encargo de la Facultad de Robótica: la creación de un niño robot. Allí le esperan su hermano David y Lana, la mujer de éste. La rutinaria vida de Álex se ve alterada por Eva, la hija de Lana y David, una niña extraordinaria, magnética, que desde el primer momento establece una relación de complicidad absoluta con Álex.

En este críptico mejunje se cocina una de las películas españolas más sorprendentes del año. Una pequeña película de robots, como le gusta reconocer a su director que, con el tiempo, se hace grande en el imaginario del espectador. Un drama familiar revestido de nórdica frialdad estética y narrativa que intenta llegar al corazón del escéptico espectador de cine español y de seguro encontrará su sitio y callará algunas voces contrarias.

En España pueden hacerse película de robots. Y no solo eso, pueden hacerse películas con muchos robots. Eva no busca recovecos de localización, ni escatima en detalles para ser lo más real posible: los robots campan a sus anchas y los efectos visuales cumplen una función más que estimable en la película. En el otro lado está el trabajo más laborioso: crear un robot adorable, amigo y cómplice sin resultar artificial; ese es el trabajo de un magnífico, camaleónico y sorprendente (una vez más) Lluís Homar, que reitera en su maestría interpretativa dando vida a Max, un robot mayordomo con ciertos excesos de emotividad y que resulta el contrapunto y descargo cómico a un pequeño gran drama sobre la identidad y los sentimientos.

Porque Eva es algo más que una película de ciencia-ficción. Eva toma un envoltorio futurista, fantástico y elaborado para contarnos una historia familiar de complicidades, secretos, mentiras y sentimientos que traspasa la superficie del envoltorio y arma una consistente trama que lleva al espectador hasta su clímax.

En cualquier caso, en un fin de semana harto complicado en lo que a taquilla se refiere, Eva llega dispuesta a ser una película de largo recorrido, una película a descubrir por el gran público y una cinta que demostrará al espectador que otro cine español es posible, y ya está ocurriendo.