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No lo tenía fácil el jurado para componer un palmarés razonable en este Festival de Málaga. La tremenda descompensación entre el nivel de las cintas latinoamericanas y españolas vendría a sugerir que las primeras dominaran las Biznagas. Pero es un escenario difícl de tragar para un Festival que hasta hace pocas fechas era exclusivamente de cine patrio. La solución ha sido tirar de premios ex aequo claramente por encima de lo razonable.

Finalmente han optado por declarar una clara triunfadora: Las distancias, de Elena Trapé, que se lleva la Biznaga de Oro a la mejor película española, la de mejor dirección y la de mejor actriz protagonista (ex aequo) para Alexandra Jiménez, que por fin está logrando buenas oportunidades para demostrar que su talento no se limita a la comedia. La película, dentro de la historia casi anecdótica que cuenta –el ocaso de la amistad entre un grupo de compañeros de la facultad  está rodada con gusto y sensibilidad y viene a certificar que el talento que asomaba en Blog, su anterior película ocho años atrás, no era un espejismo.

También confirma el idilio de Málaga con el cine catalán y, en muchos casos, con los jóvenes talentos salidos de la Escac: Elena Trapé -ex alumna y ahora profesora de la escuela barcelonesa- se une a los nombres de Carla Simón, Carlos Marqués-Marcet, Isaki Lacuesta, Mar Coll… 

Pero escarbando un poco en el palmarés pronto se descubre que la unánime mejor película de este certamen ha sido la brasileña Benzinho, de Gustavo Pizzi, que se lleva la Biznaga de Oro latinoamericana, el Premio de la Crítica oficial y el Premio Feroz Puerta Oscura. Esta bellísima película sobre una madre que lucha a brazo partido por evitar que su familia se desmorone se ve con inmenso placer y deja un regusto dulce y amargo como sólo saben hacer los cineastas hábiles y sutiles.

La segunda presencia latinoamericana en el palmarés es la argentina Valeria Bertuccelli, que completa el premio ex aequo a la mejor actriz protagonista por La reina del miedo, en la que interpreta a una famosa actriz víctima de sus propias angustias. La película comparte también el Premio Especial del Jurado con Casi 40, la cinta de David Trueba, cuya presencia en este palmarés sólo se explica por consideración hacia el único director español veterano en competición. Esa deferencia, en cambio, no la han tenido con Mateo Gil, que bien podía haber obtenido alguna mención por su ingeniosa Las leyes de la termodinámica.

El premio al mejor actor protagonista nos deja en la zona de ni frío ni calor: Javier Rey en Sin fin interpreta con solvencia a un científico tan obsesionado con su proyecto de máquina del tiempo que descuida al amor de su vida. Podría haberse buscado un premiado más contundente pero este galardón tiene la ventaja de reservar una plaza de primera línea a una cinta imperfecta pero apreciable, que ojalá deje buen sabor de boca en su estreno en salas.

El Premio del Público viene a rescatar la muy apreciable comedia Mi querida cofradía, que también recibe el galardón a mejor actriz de reparto para Carmen Flores, vértice del triángulo cómico que forma con Gloria Muñoz y Pepa Aniorte.

La notable cinta cubana Los buenos demonios, de Gerardo Chijona, se lleva también un buen pellizco: mejor guión, mejor actor de reparto (Vladimir Cruz) y mejor música. Irreprochable la presencia de esta cinta, que pese a su abrupto final, compone un interesante retrato de la transición hacia el capitalismo en la isla.

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