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Es perfectamente comprensible que San Sebastián entregue su apertura a uno de los grandes nombres de la historia del cine contemporáneo. Tener a Wim Wnders, el maestro de El amigo americano o París, Texas en la jornada inaugural y, además, compitiendo por la Concha de Oro es sobre el papel un espléndido pistoletazo de salida al Festival de 2017.

Pero Wenders es capaz de lo mejor y lo no tan bueno. Sus dos últimos documentales, Pina y La sal de la Tierra, eran arrebatadoramente bellos y el segundo logró nada menos que el Premio del Público en este mismo certamen. Desgraciadamente, Inmersión (Submergence) no sigue por la misma senda.

Inmersión, que arranca con una presentación de personajes que roza peligrosamente el ridículo, plantea el improbable encuentro en un hotel de la costa francesa entre un espía británico a punto de salir de misión a Somalia y una biomatemática que busca el origen de la vida en las zonas inexploradas del fondo marino. Cuando los días Normandía terminan, sus vidas se separan: él cae preso de los yihadistas y ella le añora mientras teme que su cápsula de inmersión no pueda volver a la superficie.

Por momentos, parece que estamos viendo una suerte de Romeo y Julieta en versión siglo XXI, en la que el honor de las familias rivales es sustituido por el terrorismo islamista y su cruzada contra el conocimiento. Por el camino hay destellos de la película que Wim Wenders quiso y no ha logrado, como ese médico somalí atrapado entre dos mundos y que por un momento ilumina la película. En cambio, hay muchas sombras y grandes vacíos, como las largas secuencias entre probetas en las que nunca ocurre nada.

James McAvoy y Alicia Vikander ponen todo de su parte pero no es suficiente. Inmersión aspira a mucho, plantea poco y cuenta casi nada. Wenders se empeña en contar algo importante, hace que sus personajes se expresen con una grandilocuencia inverosímil y guiña al espectador con metáforas nada sutiles. Poner a su heroína a explorar las profundas aguas negras en una película que pretende hablar de la oscuridad del mundo es una boutade, impropia de su autor. Removerlo con la amenaza islamista no la hace más llevadera.

Grandes incógnitas

Con Inmersión arranca la sección oficial de este San Sebastián, que plantea bastantes incógnitas. No hay grandes nombres entre los directores a concurso, aunque vista la cinta de Wenders, eso no tiene por qué ser mala señal. Veremos películas de Diego Lerman, de Olivier Nakache y Éric Toledano o de James Franco pero también de una decena de directores menos conocidos. Del cine español compiten Manuel Martín Cuenca con El autor y Aitor Arregi y Jon Garaño con Handia, aunque fuera de concurso también estarán Alberto Rodríguez (La peste), Sergio G. Sánchez (El secreto de Marrowbone) y Fernando Franco (Morir).

Y, como siempre, las Perlas destacan por encima de todo: Call Me by Your Name de Luca Guadagnino, 120 pulsaciones por minuto de Robin Campillo, Happy End de Haneke, Madre! de Aronofsy, La gran enfermedad del amor de Michael Showalter, o la reciente ganadora de Toronto, Tres anuncios a las afueras de Ebbing, Misuri, de Martin McDonagh. Además, la ganadora de Cannes, The Square, se proyectará en Zabaltegi.

Dos de los tres premios Donostia de este año también traen película: Ricardo Darín, La cordillera; y Agnes Varda el documental Caras y lugares. Del tercero, Monica Bellucci, se proyectarán dos películas anteriores, Malena y Bajo sospecha.