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Las películas más nominadas este año, los tres grandes thrillers, tienen una de sus mayores bazas en las grandes interpretaciones de sus actores protagonistas. Los cuatro nombres representan lo mejor de la profesión en España, y cualquiera de los tres podría subir a recoger el cabezón, si no hubiera ya un claro favorito.

Eduard Fernández por El hombre de las mil caras

Esta misma semana, en el photocall de los Premios Feroz, Eduard Fernández (10 nominaciones, 2 goyas) se ponía delante de los fotógrafos antes de entrar a la gala, en la que una vez más le iban a mencionar entre los nominados al mejor actor. Llegaba con su esmoquin completamente negro, con ese aire inconformista, un poco desgalichado y muy cercano. De repente, se puso las gafas de sol y un pitillo en la boca, y en menos de un segundo se había transformado de nuevo en Paesa; con un simple gesto, nos hizo entender a todos los que estábamos atentos tras nuestras cámaras, que delante ya no estaba Eduard, sino el espía y truhán que puso en jaque a un gobierno entero con sus tejemanejes. Con esa encomiable y nunca suficientemente premiada facilidad que hace creíble cualquier (a estas alturas ya se puede afirmar) papel que se le ponga por delante. Detrás de su Paesa seguramente hay un estudio de días y semanas viendo documentos gráficos de la época, trozos de informativos, leyendo artículos, y una recreación que completa lo que no sabemos de tan curioso personaje. Una preparación que el transforma en naturalidad y en veracidad. Paesa era un cutre, un hortera y un chulo, pero con su inteligencia y sus maneras de tahúr logró engañar a policías, guardias civiles, jueces, políticos y hasta miembros de la inteligencia española. Y todo ello es congruente en el personaje que se ha sacado Fernández de la manga. Como siempre. Parece que no va a ser el año de que se lleve su cuarto Goya, pero igualmente se lo merece. Por María Pérez

Roberto Álamo por Que Dios nos perdone

No puede decirse que Roberto Álamo (2 nominaciones, 1 goya) llegara a esta competición como favorito. No por falta de calidad en su trabajo, todo lo contrario; sino por obvio. En la piel de Alfaro, ese policía tan bruto como perfeccionista, Álamo está en su salsa. No es posible hablar de este trabajo sin referirse al que aún hace en teatros de toda España, Dani, el coprotagonista de Lluvia constante, otro policía igual de bruto aunque esta vez más corrupto. No hay pues sorpresa ninguna al ver a Álamo incorporar a esta mole que agita el metraje de la cinta de Sorogoyen cada vez que sale en pantalla y cuyo compromiso con la caza al asesino está por encima de todo lo demás, incluida su familia. Álamo solo ha estado nominado una vez anterior en los Goya, con La gran familia española, y ya salió con el cabezón en la mano. Todo apunta a que serán dos de dos. Por Fernando de Luis-Orueta

Antonio de la Torre por Tarde para la ira

Novena nominación a un Goya para el actor malagueño quien, a pesar de que hace ya casi una década que ganó su único cabezón como actor de reparto por Azul oscuro casi negro, no ha vuelto a repetir victoria en estos premios. Probablemente nos encontramos ante uno de los actores más completos y versátiles del cine español. Se mueve entre la comedia y el drama, y los roles protagonistas y secundarios, con una comodidad realmente admirable. Tanto es así que hasta en dos ocasiones, hace tres y cuatro ceremonias, obtuvo doble nominación tanto como actor principal (Grupo 7 en 2012 y Caníbal en 2013) como secundario (Invasor y La gran familia española respectivamente). Por eso los sentimientos que despierta De la Torre entre los que analizamos los premios cinematográficos es el de una dualidad confusa: por una parte parece que ya va tocando (esa horrenda expresión) reconocer su trabajo de nuevo con un Goya; por otra su sobreexposición juega en su contra, sobre todo cuando tiene más de una película de renombre cada año. En esta ocasión no ha logrado doble nominación porque los productores de Que Dios nos perdone le presentaron como actor principal, pero ha sido por el debut en la dirección de Raúl Arévalo, Tarde para la ira, donde está mucho más fino que en la cinta de Sorogoyen, que ha logrado su candidatura este año. Su José, un hombre en apariencia gris y anodino que oculta un traumático pasado, sorprende y fascina al espectador con su mente calculadora y despiadada. De la Torre realiza un trabajo contenido y cautivador que, en otra edición, podría haberle significado su segundo Goya, esta vez como actor principal, pero no es el favorito en las quinielas y, a no ser que Tarde para la ira arrase con todo el 4 de febrero, parece que tendrá que seguir intentándolo el año que viene, quizá con lo nuevo de Manuel Martín Cuenca (El móvil) o Pablo Berger (Abracadabra). Por Samuel Pérez

Luis Callejo por Tarde para la ira

Segunda nominación al Goya para Luis Callejo, diez años más tarde de que recibiera la primera de su carrera como actor revelación por su papel el Princesas, de Fernando León de Aranoa, Goya que perdió contra Jesús Carroza. La ópera prima de Raúl Arévalo, Tarde para la ira, gira en torno a la historia del personaje de Luis Callejo, que interpreta a Curro, un hombre que sale de prisión tras haber pasado ocho años encerrado por participar en el robo a una joyería, y su relación con José -el papel de Antonio de la Torre, nominado en esta misma categoría-. En perfecto tándem con su compañero de reparto, Callejo se mete en la piel de un hombre enfadado con el mundo, atrapado en la desventura que supone su situación actual y que conduce -junto a Antonio de la Torre- una historia de ira y violencia, a veces contenida y, en ocasiones, explícita. El de Callejo es un trabajo exquisito y más que digno merecedor de un Goya, pero puede verse truncado por la presencia de su compañero de reparto en la misma categoría -que bien podría dividir sus votos- y de haber caído contra otros dos posibles favoritos como son Roberto Álamo por Que Dios nos perdona y Eduard Fernández por El hombre de las mil caras. Por Alan Dameron

Ganará: Roberto Álamo por Que Dios nos perdone
Debería ganar: Eduard Fernández por El hombre de las mil caras
Molaría que ganara: Luis Callejo por Tarde para la ira