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La danza ha sido el tema de conversación: Yuli, el biopic de Carlos Acosta realizado por Icíar Bollaín; Girl, una de las películas más destacadas de Un certain regard en Cannes de este año; y Dantza, una alegoría mediante bailes tradicionales, en sección oficial aunque fuera de concurso.

Pero también ha sido el día de Hirokazu Kore-eda, uno de los directores que fueron indispensables en la sección oficial de San Sebastián en la pasada década hasta que, tal vez cansado de irse sin premio (¡ni siquiera con la inolvidable Still Walking!), ahora recala en Cannes donde este año ha logrado la Palma de Oro con Un asunto de familia. Kore-eda ha seguido, eso sí, trayendo todos los años sus películas a Perlas y ahora ha recogido el Premio Donostia a toda su carrera profundamente emocionado de manos del director de Cannes, Thierry Frémont.

Yuli, la película de Icíar Bollaín, pudiera parecer un nuevo Billy Elliot pero al revés: la historia de un chaval dotado para la danza y al que su padre arrastra a la escuela de ballet como única vía posible para procurarle un futuro mejor. Pero lo que distingue a Yuli del resto de películas con este esquema, incluso de otros biopics, es su auténtica estructura de musical (sin canciones pero con escenas de baile) en el que se entremezclan con lógica propia realidad y ficción.

Yuli es, sobre todo, una película bonita que echa a volar cuando el auténtico Carlos Acosta sale a escena para recrear con su arte la relación con su padre. Aunque la película nos escatime numerosas facetas de la vida del personaje, la belleza de sus momentos musicales lo compensa todo. Y nos ayudan a comprender por qué el arte hace del mundo un lugar más hermoso y, por lo tanto, mejor.  (Lee aquí la crítica completa)

Más dolorosa es la danza y la narración de Girl, la primera película del belga Lukas Dhont que ganó el premio FIPRESCI en Cannes. En ella una adolescente transexual se deja la piel en sus clases de ballet clásico al tiempo que ansía la transformación definitiva para que su cuerpo sea el que siente y no el que es. Lara cuenta para ello con todo el apoyo y el amor de su padre y su pequeño hermano, de los médicos y hasta parece ser aceptada en su entorno académico. Y aún así es un viaje lleno de frustración y dolor hasta la desesperación.

El aprendizaje de la danza en Girl es un afinado instrumento para reflejar el proceso al que se enfrenta Lara: el dolor, la valentía, el miedo, el esfuerzo constante, la determinación… Un paralelismo que brilla con el sensacional trabajo del actor Victor Polster. Sin duda, Lukas Dhont es un nombre del que estar muy pendientes en lo venidero.