‘Supernova’: si nos duele es que fue genial

'Supernova'
Delicadísima
La segunda película de Harry Macqueen tiene guión medido, una dirección elegante y unos actores descomunales
4
Sensible y contenida

Ya se le decía Debra Winger a Anthony Hopkins en la maravillosa Tierras de penumbra (1993): “La felicidad de hoy forma parte del dolor de mañana”. Es el reverso tenebroso pero inevitable del amor. Y si encima media la Parca es, además, injusto porque queda sólo uno para soportarlo.

En Supernova, la delicada película que Harry Macqueen ha presentado hoy a competición en la Sección Oficial de San Sebastián, el amor lo viven Colin Firth y Stanley Tucci. Pero les queda poco: el dicho Alzheimer está devorando la cabeza de uno de ellos y, antes de que sea demasiado tarde, se echan a la carretera en una especie de viaje de novios crepuscular.

Es muy cierto que la cinta de Macqueen no aporta una mirad nueva sobre esta enfermedad abominable y cruel, como sí hacía hace pocos días El padre, de Florian Zeller, pero de alguna forma dialoga con ella. Nos devuelve a la mirada, no del enfermo, sino del que se sabe superviviente y se centra la abismal dificultad para aceptar el destino fatal.

Macqueen, que es también el autor del guión, ha elaborado una película sensible y nada sensiblera, utilizando con maestría y cierta solemnidad todos los resortes de una narración clásica y equilibrada y apoyándose en el trabajo de dos actores inmensos cuyos silencios son tan elocuentes como sus miradas. 

Y, como Debra Winger, ahora es Stanley Tucci quien insiste: “Si nos duele que algo acabe, sólo quiere decir que fue genial”.