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Tras una semana en la que ha cundido el desanimo con el nivel de la competición de este Festival de San Sebastián, salen premiadas las pocas películas que han recibido más aceptación, aunque con un reparto bastante inesperado. Deja un poso amargo el hecho de que la más redonda de todas, La trinchera infinita, no se haya hecho con el gran premio, que ha ido a la brasileña Pacificado, que se configura como la gran ganadora de la edición.

Tres premios para Pacificado (reseña aquí) parecen excesivos, pero es la única garantía de que una película valiosa como esta tenga un estreno comercial. Solo se le puede poner pegas a esta Concha de Oro porque había sensación generalizada de que ese premio sería para la película vasca; pero lo cierto es que Pacificado es una película más fácil y que aúna drama familiar y social, algo que seguramente haya servido para poner de acuerdo a los miembros del jurado.

No se puede objetar nada al premio a la mejor fotografía al hermoso y mágico trabajo de Laura Merians, sobre todo en los planos más líricos de la protagonista y en el hecho de que resalta sin caer en lo tenebroso la dureza de la vida en las favelas. Sin embargo parece que la Concha de Plata al mejor actor para Bukassa Kabengele no es la más acertada teniendo en cuenta las grandes interpretaciones que había en otras películas, como la de Karra Elejalde en Mientras dure la guerra o la de Antonio de la Torre en La trinchera infinita. Pero este hombre recio, recién salido de prisión lo aborda Kabengele desde el cansacio y la sabiduría y con dosis de ternura, y el actor ofrece lo mejor de sí cuando se enfrenta al drama que tiene por delante con su familia y su hija recién conocida.

Sabe a poco la Concha de Plata de La trinchera infinita (reseña aquí) a la mejor dirección para Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, y el premio al mejor guión para el propio Goenaga y Luiso Berdejo, pero puestos a elegir, también son las dos que hablan de lo grandísima que es esta película y de lo contundente de la historia y la altura de la metáfora que han sido capaces de construir.

Si hay algo que destacar positivamente en esta sección oficial es la abundancia de papeles femeninos poderosos y de todas las edades. Y muchas de ellas habrían merecido esta mención. Por eso es medianamente satisfactoria esta Concha ex-aequo para Greta Fernández por La hija de un ladrón (reseña aquí) y Nina Hoss por La audición (reseña aquí). Totalmente distintos en concepción y en características, las dos son mujeres fuertes y adustas, y las dos actrices se enfrentan a ellas con honestidad y austeridad, lo cual hace que los personajes de Sara y Anna sean lo más atractivo de sus respectivas películas. Habrá que esperar que Belén Cuesta reciba otros premios por su impresionante desempeño en La trinchera infinita.

Para terminar, la película francesa Próxima ha recibido un justo Premio Especial del Jurado. Parecería inconcebible que una Sección Oficial con tanta y tan variada presencia de directoras no premiara la labor de alguna de ellas, y sin duda la de Alice Winocour ha sido una de las mejores de todas las que se han podido ver. Su historia sobre la dificultad para las mujeres de conciliar vida laboral y familiar en el caso de la astronauta interpretada por Eva Green huye de los tópicos y la mera reivindicación y ofrece una reflexión contundente sobre este tema tan importante.

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